Las doce horas más tristes

(Hoy hablamos con un pamplonés de 63 años que nos cuenta su situación. Le explicamos el proyecto del blog y demuestra mucho interés. Durante más de hora y media nos habla sobre gran variedad de temas relacionados con el sinhogarismo y su propia vida. Acompañamos el texto con imágenes que él mismo aporta.)

¿Se me estará poniendo a mí cara de indigente? Porque entro al supermercado, o a cualquier tienda, y siento que los dependientes me miran. Me siguen con la mirada a ver si robo algo, o a ver si hago algo raro. La verdad es que últimamente me da miedo mirarme en el espejo. Ayer me decía un amigo que se miró en el baño del albergue y le pareció que le habían caído como diez años de golpe. Eso es muy duro. Yo, la verdad, ya no sé si tengo pinta de indigente. Conozco a uno que ha vivido años buenos como yo y cuando pasa un conocido se esconde detrás de la esquina, no quiere que lo reconozcan. Si pasa la villavesa* yo antes me escondía, ahora ya no. Si alguien me conoce de tiempos pasados, pues que me vean. Sí, estoy en el albergue, qué pasa. Y mira que yo me he codeado con las altas esferas, aquí y en otros países. Pero bueno, he caído aquí, y qué, al menos sigo vivo, quizás por el aliciente de tener dos hijos a los que adoro y quiero, que me hacen superarme. Hay una razón principal, cuando uno va a un albergue es porque no tiene forma o modo de ir a otro sitio. Uno me decía: «Esto es el fondo». Y yo le dije que no, que todavía se podía excavar más en la tierra y llegar más abajo.

(*Villavesa es como se le llama al autobús urbano en Pamplona.)

Yo cuando entré al albergue entré llorando, como hombre que soy, pero llorando. No salí de la habitación durante semanas. Luego ya sí. Empecé a hablar con uno, con otro, a asumir que estaba aquí. Cada día duermo en un sitio distinto, con alguien diferente. Gente que bebe, que huele… (¿que ronca?) ¡El que ronca soy yo! ¡Que tengo apneas! (ríe).

Luego por la mañana, a las nueve, tenemos que salir todos y no podemos volver hasta las nueve de la noche. Esas doce horas en que la gente sale son lo más triste que una persona puede vivir. Yo me voy a la biblioteca, leo, utilizo algún ordenador, y así paso el día, de biblioteca en biblioteca. A un bar no podemos entrar, porque para estar en un bar hay que pedir algo, y normalmente no tenemos para gastar. En la calle con este frío ni pensarlo. Los sábados por la mañana me voy a la biblioteca de Mendebaldea, que es la única que abre y me parece una pasada. Es enorme y hay de todo, cientos de libros y de espacio para sentarse.

(Los domingos no abre ninguna biblioteca, ¿verdad? ¿Cómo pasas el tiempo los domingos?)

Los domingos son lo peor. Son un infierno. No hay nada que hacer ni ningún sitio a donde ir. En esos días es cuando te entra la desesperación. Ves a la gente tomándose un pintxo en las terrazas y dices: «¡Joder, se pueden gastar cuatro euros!». Aquí mucha gente cobra la renta básica, y por ello los primeros días del mes son los más conflictivos. Ven el dinero y se vuelven locos, no saben qué hacer con él. Cuando llegan las nueve de la noche, el que bebe, llega más bebido. El que se droga, llega más drogado, y así. Luego claro, hay peleas, conflictos, expulsan a alguno del albergue, de todo. Pensad que a ninguno de los que estamos aquí nos van a alquilar una casa, porque piden dos o tres nóminas, fianza, contrato fijo de trabajo. A algunos se nos ha ocurrido que entre varios podríamos pagar el alquiler de un piso y compartirlo. Algunos se piensan, no sé si por mi edad o por qué, que si lo pido yo me lo van a dar. Pero qué va. Sino lo pediría encantado y montaría un piso compartido para tres o cuatro. Te dan el dinero pero no te dan salidas sociales. Por mucho que guardes el dinero, no puedes alquilar. Hay un problema de vivienda bestial. Yo vine aquí porque me fueron subiendo el precio del alquiler hasta que llegó un día en que no lo podía pagar. Y este es un problema que va in crescendo. Pagamos la luz más cara de todo Europa. Fijaos en cómo ha subido el precio de la luz, del agua, desde la crisis. La crisis ha destrozado muchas vidas, ¡os lo digo yo!

Aquí, en el albergue, cada vez somos más. Nos juntamos gente desde los dieciocho hasta los sesenta y cinco años. Porque una cosa es el crecimiento del país y otra el crecimiento de la desigualdad. Espero que el Gobierno de Navarra tenga un planteamiento claro, porque esto se está quedando pequeño. ¿Cuántos habitantes tiene Iruña? ¿Doscientos mil? ¡Y en este albergue sólo hay cincuenta plazas! No tiene sentido. Mirad como está esto con el protocolo de ola de frío. (Nos enseña fotos en las que se ve el salón del albergue lleno de colchones.)

(Nota: Cuando se activa el protocolo de ola de frío, por debajo de los tres grados centígrados, el centro tiene la obligación de acoger a todo el mundo aunque supere el aforo para el que está diseñado. No es extraño que sea necesario poner colchones en el suelo en las zonas comunes.)

Por otra parte, entre muchos de los que estamos aquí hay muchísima amistad y compañerismo. El que pide, cuando tiene, da y comparte. La gente que vive en la calle se apoya mucho entre sí porque no tienen otra cosa, y en la calle están muy desprotegidos. Hay quien ha sufrido agresiones. Estás durmiendo en un cajero y te echan ácido y te roban todo lo que tienes. He oído de casos de aquí de Iruña, no quiero ni pensar lo que pasará en ciudades grandes como Madrid. Yo he vivido en muchos lugares distintos y puedo decir que entre los huéspedes del albergue tengo verdaderos amigos. Nos llamamos al teléfono, nos preguntamos unos a otros qué tal nos va. A veces veo a amigos pidiendo en la calle y me detengo a darles ánimos y a hablar un rato con ellos. El otro día un amigo que pide me dijo: ¡Ayúdame, tío! Y yo le dije que poco podía hacer por él, que estoy en su misma situación. En realidad todos los que estamos aquí estamos muy faltos de cariño y de amor. Ayer me abrazaron y pensé: Joder, qué bien sienta. Hacía muchísimo tiempo que nadie me abrazaba. Los abrazos son muy importantes, te dan mucha energía. Un día les dije a los educadores que eran como mi familia. Y es que, amigos, no hay cosa más triste que pasar la navidad en un albergue. Si no tienes familia quizás no sea tan duro, porque simplemente estás con gente que es como tu. Pero yo que sí que tengo familia lo pasé muy mal, en nochevieja no quise ni tomar las uvas, me metí a a la cama a las nueve y media.

Mirad, esta experiencia también me está aportando para bien. Ando muchísimo y mi forma física ha mejorado. Aunque tengo los pies llenos de ampollas, la verdad, los tengo destrozados… Lo que quiero decir es que estoy aprendiendo mucho sobre la vida. Creo que todo el mundo debería pasar por esta experiencia aunque fuera durante unos días. Está siendo durísimo pero una cosa no quita la otra.

Otro tema que me preocupa mucho es el de la reinserción, y es que los que estamos aquí no vemos el futuro por ningún lado. Además, estar en esta situación es un círculo vicioso, porque cuánto más tiempo pasas así, menos probable es que salgas, pienso yo. A veces creo que directamente es imposible dejar de ser una persona sin hogar.

(Comentamos que conocemos casos de personas que colaboraron con este blog en su día, y actualmente han conseguido trabajo y son autónomos.)

¿Y dónde están? Porque me encantaría conocerles. Sería una idea estupenda traer a alguno, porque la verdad que muchos perdemos la fe. Creo que hay un porcentaje de gente recuperable entre los que estamos aquí. Gente lista, válida. Pero el que lleva ya cinco años viviendo en la calle… ¿Cómo va a volver a la sociedad? ¿Y el que lleva diez, quince, veinte años? Esas personas no pueden llevar una vida, digamos, normal. Ya están acostumbrados a la calle, la calle es su casa.

En fin, yo creo que la gente necesita más actividades en los albergues. ¿Sabéis qué es lo peor de estar aquí? (Se señala la frente). La cabeza. Aquí la cabeza no tiene que estar pensando, porque se destroza a sí misma. Yo estaría encantado de hacer algo, yo que sé, de ir a algún taller a pelar cables, aunque sea. O de hacer actividades, como esto que estamos haciendo ahora, este proyecto del blog. Este albergue no me parece que esté mal, para lo que hay, aunque sí que creo que hay cosas que se podrían mejorar. Siento que tenemos muy poca intimidad, y sobre todo, ¡más actividades! Para no darle tanto a la cabeza y para que la gente se sienta útil, porque aquí hay personas que valen mucho.


Enlazando a una voz propia

Después de demasiado tiempo volvemos al albergue. 

Encontramos un usuario que no conocíamos y que ya estaba llevando a cabo un proyecto parecido a partir de su cuenta de facebook. Así que hemos decidido darle voz.

Sus temas son diversos, pero algunos enlazan completamente con lo que nos ocupa aquí. 

Estos son un par de ejemplos (pulsando en “ver más” se puede acceder a los contenidos completos): 

 

Y hay mucho más que leerle… 


Cada lágrima que cae

(Hablamos con un chico muy joven. Estaba de paso. Pero antes de irse estuvo dispuesto a rapear algo que llevaba encima.

Nos bajamos una base de uso libre, con un casco escuchaba y con otro móvil le grabamos. No hizo falta más que montarlo luego con una foto guapa de grafitis.  

Este es el resultado).

Cada lágrima que cae hace mi dolor más fuerte
Mi pecho ya no late, mi corazón es inerte
Verte, era el consuelo para un llanto
La felicidad contrastada contra cualquier espanto

Me arrepiento de todo y es normal que tengas odio
Quise hacer de ti un ángel e hice de mi un demonio
Dejar de amarte es una tarea imposible
Aun sabiendo que tu sonrisa y yo somos incompatibles

¿Para qué parar el tiempo? si el tiempo solo se para
Lo paraste tú, y yo voy y te escupo en la cara
Quiero desaparecer, y asi dejar de hacerte daño
Para que cuando me vean, me vean como un extraño

Nada más otro entre la multitud
Otro más que debería acabar en el ataud
Quisiera ser aquel al que nunca conociste
Para no robarte un mes y medio y hacerlo el más triste

Soy el más experto, el que más tiene experiencia
En joder a la gente y acabar con su paciencia
Por ser tan cabrón, deberían darme un diploma
Si no estás aquí, preferiría vivir en coma

Solo tú, pones a mi vida luz
Temo a la oscuridad por ser el mayor tragaluz
Nada bien, todo lo que hago lo hago mal
Perdóname, por ser tan subnormal

Mucho más que virtudes, lo que tengo son defectos
La escalera o el banco, cualquier sitio era perfecto
Si mi amor es una llama, estoy seguro de que arde
Aun me acuerdo de tus ojos aquel trece por la tarde

Siempre me das calor ante el frío invernal
Fuiste tú quien hizo de mi vida una vida especial
Para qué llorar? si mis lágrimas no sanan
Para qué despertar? si no estás aquí por la mañana

Abro los ojos, tu amor me deja marca
Me dan escalofríos cada vez que leo tu carta
Lucharé por ti, por ti voy a ir adonde sea
Tu presencia estará aquí incluso aunque no te vea

Latir mi corazón, un dolor crece en mi pecho
Relaciona tu nombre con todo el daño que he hecho
Eres a quien voy a amar, amar y no dejar de hacerlo
Mi amor es todo tuyo. tenlo aunque no puedas verlo

El destino me miró y me dijo “piensa, luego actúa”
Y primero actué y lo que hice fue darte más dudas
Quiero caminar a tu vera con rumbo fijo
Quiero ir a tu lado resolviendo cada acertijo

Sólo tú sabías levantarme la cabeza
Qué voy a hacer sin ti? para nada tengo fuerzas
Mi amor es tan torpe y por eso tropieza
Mi vida es un puzzle y tu eres mi mejor pieza

Estoy sentenciado a esta tortura enferma
Pero es que no puedo olvidar cuando te ponías tierna
Tomaste la decisión, sólo puedo respetarla
Tu mirada es única, jamás podré olvidarla

Y te amo y voy a amarte siempre
Y gracias por regalarme el mejor mes de diciempre
Sólo tú, sólo tú, sabes cómo soy
Auténtica mierda que se transformó en b-boy.


44 días

(Hablamos con un hombre nacido en Marruecos hace 63 años)

Llevo 26 años en España, desde 1990, he conocido cuatro gobiernos: Felipe gonzalez, Aznar, Zapatero y Rajoy.

Tengo tres niños, dos críos y una cría, el mayor tiene 18, la chica tiene 13 y el otro tiene 10.

Mi primera mujer ha muerto. Me volví a casar en septiembre de 2013, la primera murió en 2012. Ahora quiero a mi familia conmigo, quiero trabajar para ganar algo y para mandar algo. Ellos mejor aquí, conmigo.

Se va y se viene de Marruecos todos los veranos. Vivo cerca de playa. Vine aquí, Pamplona, de Marruecos el día 4 de agosto.

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Estoy empadronado en Pamplona desde 2007. Suelo trabajar fruta, trabajar campo, trabajar obra… cuando había trabajo yo contento. Desde 2008 ó 2009 ya nada. Algo con la uva, en Rioja, en octubre. Yo no sé dónde hablar dónde ir, dónde buscar.

Tengo 63 años, dos años para jubilar. Antes tenía la ayuda, cuando Zapatero. Luego fui a Marruecos, con mi mujer con cáncer. Cuando vine, no tenía la ayuda.He trabajado 14 años, 10 meses y 14 días. Me faltan 44 días para jubilación.

(O sea que tienes que trabajar 44 días en estos dos años o no tienes nada).

¡Claro! Falta 44 días para 15 años. Yo trabajar campo, trabajar lo que sea… no tiene que ser de oficial, lo que encuentre, yo vengo del monte. En marruecos estoy limpio, no tengo nada, pero aquí, 26 años, me siento español, me gusta estar aquí.

Ahora busco trabajo, tengo papel y, ¡claro!, trabajo con contrato…

(¿Por qué Navarra?)

Este año aquí, llevo desde 2007 en Pamplona. Antes Murcia, también Francia, en Valencia trabajar con la obra, de autónomo.

Luego vine a Pamplona, buscaba trabajar en obra. Trabajé con un hombre, está muerto, murió este año, pobre, muy buena persona él y sus dos hijos. Estaba con obra, con construcción, él me coge la mano y a trabajar. Eramos 20 o 30 personas.

El hombre venir a Marruecos muchas veces y hablar español con mis hijos. Mis hijos saben español por él. Venir muchas veces y ayudarme. Sus hijos también ayudarme muchas veces, y su hermana.

Mis hijos están con mi mujer. Ella tiene casi 55, no me fijo en años, no me acuerdo, 54 o así. Ella no tiene hijos. Tiene tres, los míos, ¡mejor!

Alguien que haya pasao lo que he pasao yo sabe lo que quiere. Yo quiero mis hijos conmigo, que coman conmigo. En Marruecos el mayor trabajar, los dos pequeños en el colegio. ¿Quién sabe que pasará? La casa, un salario, algo para trabajar… si no tienes estas cosas, ¿qué hacer?


Jamás me pasará a mí (II)

(Y, por aclamación popular, la segunda parte. La del ahora).

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Empezando de cero (II)

(continuamos la conversación con una mujer de unos cuarenta años que seguía sin perder la sonrisa)

Ahora me veo que esos años estaba totalmente hiperactiva. Ahora estoy sobreviviendo. Yo había consumido desde los dieciséis años, pero con todos esos problemas volví: cocaina, speed… menos caballo y porros, todo. Además, he atentado contra la autoridad en cinco ocasiones, porque aparecía la policía y no sé por qué -por los problemas con el consumo, más bien- me metía con ellos. He estado cinco veces en el calabozo, la última fue este año. Tanta presión, tanta presión… Porque en mi vida nunca he tenido que dar explicaciones a nadie. No he tenido reglas. Ni para bien ni para mal. Y he ido funcionando… ¡así!, con estos altibajos. Y luchando mucho para que salieran las cosas bien. Porque es mejor no tener nada que tener deudas. A los que les debo ya les digo que se pongan a la cola, que ahora no tengo nada.

En las judiciales de este año me iban a meter dos años. La última detención había sido por atentado a la autoridad, di 0.80 en alcoholemia. Yo no sabía que por la ley mordaza no podía grabar a la policía. Cuando saqué el móvil y el policía me lo quitó, tengo un lapsus de unos 20 segundos en la memoria…  De lo que hice me enteré en el juicio rápido.

Después de hablar con el forense, como voy al psiquiatra porque tengo trastorno por consumo de tóxicos y trastorno emocional de la personalidad y déficit de atención, el caso es que de dos años pasó a seis meses en el centro ambulatorio tomando una pastilla, antabuse, que a nada que te tomes dos cervezas, ya me dan taquicardias.

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Entre las judiciales, mi madre estaba ya incapacitada y vivía en una residencia en Estella. Pasamos un juicio, ella y yo. Mis hermanas y yo no nos hablábamos. Al final decidí que sus bienes pasaran a la tutela del Gobierno. La pensión de mi madre, más las ayudas, van todas a la fundación de la residencia donde vive. Yo no sabía si podía vivir o no en la casa de mi madre. Fui acompañada por una trabajadora social a la fundación y me permitieron quedarme siempre que pagara las letras de la hipoteca.

Con los problemas judiciales llegó la sentencia y entonces me ingresaron en Proyecto Hombre seis meses. Desde ahí no puedes gestionar nada, no tienes dinero, tienes que hacerlo todo a través de las trabajadoras sociales y yo estaba negra. Para entonces me había reconciliado con mi ex-marido. Yo le dije que se hiciera cargo de mi hija y del bóxer y que se fuera a casa de mi madre mientras yo cumplía condena. La sorpresa es que la fundación tutelar le hizo un contrato a él, lo que no me parece normal porque tenían un acuerdo verbal conmigo. Ahora, había que pagar la letra y doscientos cincuenta euros más. Él accedió, dice que para que no perdiera la vivienda, pero a los tres meses de estar yo en Proyecto Hombre me encabroné con una trabajadora social y firme el alta voluntaria, sin pensar en las consecuencias judiciales de eso. Cuando llegué a casa de mi madre, me encontré con una habitación ocupada y con que yo no podía estar ahí y que me tenía que buscar la vida.

A Roko, mi perro, lo había regalado.

Ahí pensaba que peor no me podían ir las cosas, pero sí que podían. Entonces empecé a trabajar por mi cuenta en el tema de la prostitución, pero tal y como lo ganaba lo consumía en cocaína, a dosis muy grandes, porque estaba muy deprimida. Estaba de mierda. Cuando me dijo mi ex que no podía entrar en el piso, mi consumo fue a lo bestia, ya me daba igual entrar en una sobredosis. Acabé en Urgencias con taquicardia e intoxicación etílica. Cuando se me pasó el colocón y el pedo, me vió la psiquiatra y me dio esta opción. Venir al centro de personas sin hogar. Era la única, ya que no contaba con familia ni amigos. Me puse a llorar. Me vi, totalmente, en la puta calle. Entonces era domingo, éste no, el pasado. Salí a las siete de Urgencias, empezó a llover, yo venía en tacones, venía de tres días de fiesta, con todo esto en la cabeza, a un sitio desconocido, no sabía lo que me iba a encontrar. Pensé que se me habían acabado todas las oportunidades, que tenía que empezar desde cero. Me dieron muchos ánimos las enfermeras: que p’alante, que esto tal vez era lo mejor que me podía haber pasado y que cogiera las fuerzas suficientes para volver a empezar.

Aquí llegué llorando. Yo no quería llorar, pero es que tenía los ojos llenos de agua. Pasé tres días de bajón a raíz de las drogas y demás. Me explicaron en Urgencias que es mejor que pase el bajón y una temporada de abstinencia para entrar en conciencia de que es mejor dejar el consumo. Porque en el momento de bajón es fácil decirlo, pero cuando el cuerpo se reactiva, vuelve la enfermedad de la adicción. Hay que tener unos hábitos, no manejar dinero, el móvil, no ver a según que gente…

Parece que nunca puedes entrar en un sitio así, nunca, nunca. Y aquí ves historias mucho más duras que la tuya. Porque tú crees que estás muy mal, pero hay gente que está mucho, mucho peor que tú: desestructuradaos de la cabeza, con alcoholismo mucho más fuerte que el tuyo, gente sin techo y en la calle y que no se puede quedar más de tres días. Incluso durante la ola de frío solo pueden venir a dormir.

Estoy encantada de estar aquí y empezar de cero. Ahora se han coordinado las trabajadoras sociales de Salud Mental, Unidad de Barrio, Albergue, Proyecto Hombre, Gestión de Penas… y me dejan estar aquí hasta que entre en Proyecto Hombre.

Me quiero desintoxicar para recuperar el cariño de mi hija, su aceptación, el vínculo que nos unía… y mi propia vida. Quiero que cuando ella tenga 20 ó 25 años diga, mira, mi madre pasó por esto, pero se recuperó. Se puede salir del consumo y cumplir con las obligaciones. Es lo importante. Espero que, con el tiempo, lo comprenda y lo valore.


Empezando de cero (I)

(Hablamos con una mujer de unos cuarenta años, quien pese a todo no perdía la sonrisa).

A mí ese piso me mató.

Esto empieza en el 2007, cuando más caros estaban los pisos. Compramos una vivienda entre mi marido y yo. Yo ya tenía a mi hija. Cuando tenía tres años, mi ex-marido se fue con otra mujer. Nos dejó a las dos y tenía que pagar mi hipoteca, más la hipoteca de mi madre que es con la que se avaló. Yo estaba trabajando de camarera a jornada completa y de monitora de aerobic y aun y todo no me llegaba para pasar el mes.

Yo no sabía que existían ayudas sociales, no tenía absolutamente ni idea de nada porque vivíamos en la abundancia. No sabía que tenía derechos, que existían ayudas… Lo único que se me pasó por la cabeza, un día que estaba en la piscina con el periódico buscando trabajo, fue un empleo en San Sebastian. Fui y era un empleo de prostitución. Viví ahí un año, haciendo plazas de veintiún días. Esto es que vas a a una casa, trabajas durante veintiún días, libras tres y luego tienes que volver. Sólo podía salir a la calle dos horas al día y nunca con una compañera. Era duro, no podías ni salir a comprar. Si te llamaba la madame y estabas comprando, tenías que dejar las bolsas y volverte.

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A mi hija me la estaba cuidando mi madre porque mi marido no se hacía cargo. Tenía cuatro años y medio. Yo entonces no consumía drogas.

Conocí a un chico en San Sebastián y empezamos algo.

En aquel momento empecé a trabajar de comercial en una empresa a la vez que en hostelería los fines de semana. No libraba ningún día. Estábamos los dos a prueba, pero al ver que yo conseguía más clientes que él, la empresa me puso de autónoma a mí. Capté clientes de toda la zona porque tenía que vivir de ello.

Entonces a él le alquilé la casa donde yo vivía para que hiciera un hidropónico de marihuana y me fui a vivir con mi madre y mi hija. Yo no tenía nada que ver con eso. Era en la casa mía, pero mi chico y otro se ocupaban. Yo vivía atemorizada por el tema de las drogas y lo ilegal. Olía en el rellano… no sé cómo no se enteraron los vecinos, eran mayores o no sé.

Al terminar la cosecha no quise seguir,  luego nos enfadarnos porque estuvo relacionado con otras mujeres y entonces se me ocurrió montar un piso de chicas -independientes- en mi casa. Esto no era como la casa de citas en la que yo había trabajado. Yo sólo les alquilaba las habitaciones. Todo lo que ganaban era para ellas. Me funcionó bien, seguía pagando la renta de la hipoteca y la de mi madre. Pero lo dejé porque una no me pagó y me lo destrozó todo. Y lo alquilé, pero eso luego os cuento…

Entonces empezó mi madre con el tema de los delirios. Le diagnosticaron personalidad esquizoide, que no es lo mismo que esquizofrenia. Los vecinos me empezaron a llamar, mi madre empezó a beber y me fui de su casa. Estuve con mi padre, pero es muy estricto. Mi familia está muy desestructurada.

Llegó un momento que no podía trabajar más de comercial, porque estaba todo el pescado vendido y tenía más pérdidas que ganancias. Por lo cual, tenía derecho a cobrar el subsidio. Entonces me di de baja de autónomos y solicité ayuda en Servicios Sociales y en Mediación Hipotecaría porque para entonces ya me había enterado de que habían cambiado un poco las cosas: las plataformas, había mucho ruido en la calle… Aunque perdí la vivienda, me libré de la losa principal de la hipoteca, pero tenía que continuar con la de mi madre. La vivienda que perdí, me la dejaron en un alquiler social. No era del gobierno, sino de una empresa privada. Me lo dejaron en doscientos euros. Tenía que pagar mucho menos y estaba más holgada.

Después conocí a otra pareja que era un delincuente, un tío que hacía estafas por internet. Ya había cumplido una condena de meses pero seguía teniendo causas pendientes. Tenía diez años menos que yo. Le quise ayudar, pero siguió con las estafas. Era una pasada, igual ganaba quinientos euros al día, pero se lo fundía todo en tragaperras. Le seguían llegando faltas, porque eran de menos de cuatrocientos euros y no eran delito. Le dije que, con esa facilidad que tenía para vender, se metiera de comercial. Pero, claro… ¡Legalmente no se le daba  bien! Me decía que estaba trabajando, pero no, estaba estafando. Y, mientras, se lo gastaba en las tragaperras e iba conociendo a otra chavala. Lo dejamos y en una redada lo apresaron pero, como había confianza, tenía mi número de cartilla, mi pin… Yo casi me meto en un lío. Entonces lo denuncié y ahora está cumpliendo condena.

Después lo de mi madre siguió mal. A mi se me cayeron las lágrimas porque los UPAS (Unidad de Protección y Acción Social) me dijeron que había que incapacitarla. Pidieron medidas cautelares para que no la sacaran, pero el juez no las aceptó y volvió a casa. Y otra vez a empezar el proceso.

Decidí estar con la madre y la cría en su casa y subarrendé mi vivienda a una mujer. Cometí un gran error, porque había una clausula que lo impedía. Además, al hacer un cambio de cuenta, los recibos de la luz no me llegaban, no me enteré y les quitaron la luz, bueno, les quitaron todo, ¡hasta el cuadro eléctrico! La mujer se pensaba que yo lo hacía para echarla de casa. Ella necesitaba un contrato legal porque era una reagrupación familiar. A pesar de que le ofrecí un mes gratis, limpiar la ropa…, se enteró de que no podía subarrendarla legalmente y ya me hizo la 13-14. Decidió no pagarme y chantajearme. Decía que si le daba mil ochocientos euros se iba. Yo no los tenía, pero los conseguí y no los quiso, no quiso irse. Me lo dijo con toda soberbia telefónicamente. Y se me iba acumulando la deuda… Entonces rescindí el contrato con la empresa de alquiler social. Les mandé un burofax y les dije la verdad. Que, sin conocimiento, había subarrendado el piso. Ellos querían que les devolviera el piso limpio, sin suministros, ni nada, pero no pude. Les dejé el marrón y perdí todas mis cosas, ¡qué el piso lo tenía pitiminí!

(continuará)


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