Un investigador en el albergue – 1: La llave de la resistencia

Esta mañana he tenido la oportunidad de entrevistar a un joven centroafricano de ascendencia camerunesa, educado en valores profundamente católicos. Me he sentido inmensamente conmovido por su fuerza de voluntad, por la fortaleza mental que demuestra su actitud frente a la vida. En mi opinión, todas aquellas personas que se enfrentan a situaciones de dificultad extrema, como es el caso de este joven africano, dependen no sólo de las ayudas que los demás les puedan aportar sino también de su propia fortaleza, fundamentalmente de su entereza mental. Plantea un reputado sociólogo actual, Hans Joas, la hipótesis de que dentro de toda persona existe una especie de intuición moral (Moral Intuition, que pueden encontrar en su libro The Sacredness of the Person) que la empuja a sentir “pasiones” humanas, tales como la sensación de indignación que muchos experimentan al saber que han muerto inocentes,  que son las cuales la hacen verdaderamente “persona”. Entrecomillo las palabras “pasiones” y “persona” porque entiendo que, no sólo debido a los testimonios tan impactantes con los que me puedo encontrar en el albergue, sino con tan sólo echar un vistazo a las noticias, Joas acierta de pleno con la idea de que quien siente y actúa en virtud de esas pulsiones humanas (tan difíciles de definir, pero tan fáciles de entender como concepto cuando uno las ha experimentado en primera persona) podrá afrontar la vida de una manera digna, al menos a nivel moral. En resumen, quiero aportar una serie de extractos de la entrevista que he hecho a este joven centroafricano con el objetivo de intentar que quien lo lea pueda acercarse tanto a un caso concreto que, desde mi punto de vista, es ejemplar, como a la idea de que existe en todos nosotros una intuición moral que nos es propia y que, si la abandonamos, probablemente nos lleve a nuestra propia perdición como personas.

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Acordamos hacer la entrevista mezclando francés e inglés, ya que todavía no maneja bien el castellano y, de esta manera podemos entendernos. Puede que más adelante, si los lectores del blog así lo pidieran, transcriba la conversación que tuvimos íntegramente. De momento me gustaría simplemente destacar algunas de las “joyas” que este chico me ha dejado, aquéllas que me han resultado más llamativas y, sobre todo y en su caso, más ejemplarizantes.

  • Dejé mi país porque ya no podía cuidar de mi hermano pequeño y de mi madre. El negocio de la construcción había caído en picado y ya no encontraba forma de ganarme la vida dignamente.  Elegí venir a España por dos motivos principales: Quería conocer más su cultura, una cultura rica y con historia, y quería aprender una nueva lengua. Ir a Francia o Inglaterra hubiera sido lo fácil. Yo quería aprender un nuevo idioma, progresar, ya que los idiomas son clave en la vida. Por eso vine aquí.
  • Antes de llegar a España pasé un tiempo en Marruecos. Fue una experiencia horrible. Marruecos es un país tremendamente racista con nosotros, los negros. He vivido situaciones muy embarazosas, más bien humillantes. Por ejemplo, puedo contarte que un día, al subirme en un autobús, yendo bien limpio y aseado, vi como varias personas hacían el gesto de taparse la nariz al pasar yo por su lado. Lo hacían porque era negro. Muchos marroquíes son tremendamente racistas. Consideran que ellos no son africanos, que sólo nosotros lo somos. Los europeos están por encima de ellos, y por eso los respetan. Nosotros somos muy pequeños, a su parecer, y por eso nos discriminan. Muchos llegan al extremo de creer que por ser negros no tenemos derecho a la vida. Yo sé que yo tengo el mismo derecho que cualquiera a vivir. Esa gente vive engañada, por su cultura y sus creencias. No entienden qué es la vida. Cuando ven un negro al volante de un coche, por ejemplo, se sorprenden y se preguntan cómo es posible que un negro sea capaz de ello. Viven en la ignorancia.
  • Yo, para sobreponerme a un ambiente tan hostil, en el que me sentía tratado como un perro, creaba paralelamente un mundo mental propio. Mi propia creatividad fue fundamental para sobrellevar mi estancia en Marruecos. Yo me decía continuamente a mí mismo que esa gente no entendía que yo era tan persona como ellos lo eran. Había algo dentro de mí (preguntado por si lo había vivido como una especie de intuición, su respuesta fue positiva) que me impulsaba a no creerles, a mentalizarme y a pensar decididamente que sus creencias no iban a poder con las mías.
  • Yo sé que Dios me creó y me acunó con ternura (no sólo se remitió a ese “azote” interno que suponía aquella intuición sino también a su fuerte fe religiosa), ¿por qué iba Él a querer que yo fuera menos que aquellas personas? De ningún modo puedo pensar yo así.
  • Cuando te avasallan de la manera en que yo fui avasallado psicológicamente no te queda otra que luchar. No queda otra alternativa. Es una lucha mental, psicológica.
  • La mentalidad de las personas marca la diferencia a todos los niveles. Dejarse caer, tirar la toalla, es caer en la locura. La sociedad, en este caso la marroquí, ya que considero a la española mucho más respetuosa con nosotros, no tiene derecho a hacerte perder tu dignidad. No puedes dejarte convencer. Eso te llevaría a la locura. Tienes el mismo derecho que ellos a trabajar, tener tu dinero, construir una vida digna y en la que no te falte nada. Debes luchar y no dejar que te debiliten psicológicamente. Esa es la clave.

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Éstos son algunos de los fragmentos que más me han cautivado de la entrevista con un joven cuya forma de pensar encuentro admirable. Al finalizar la entrevista le pregunto, a título más personal, por cuáles son las aspiraciones de una persona tan luchadora. Me dice que únicamente son llevar una vida digna, sin privaciones. No hacen falta lujos, sólo falta de privaciones. Considera que cada uno debe hacerse fuerte, sobre todo a nivel psicológico, por si mismo, para poder después ayudar a los demás. Lo primero es uno mismo. No puedes ayudar a los demás sin estar bien tú primero. Y, finalmente, también le pregunto si cree que ayudar a que los demás se hagan fuertes pasa por “predicar con el ejemplo”. Su respuesta es clara: Por supuesto que sí. Hay personas que pueden caer en el abatimiento, pero nada puede ayudarles más que ver en el otro a alguien que lucha, a alguien que vive con intensidad esa intuición moral que le guía y no le permite dudar de que es tan digno como cualquier otro ser humano.

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One response to “Un investigador en el albergue – 1: La llave de la resistencia

  • J.Titiritero

    Realmente conmueve leer y observar experiencias como la del joven protagonista de esta.
    Quiero darle la enhorabuena a este joven por ser como se ve en el testimonio, asi como dearle suerte y exíto en sus proyectos y propósitos, de lo cual estoy seguro que lo conseguirá; aunque custe esfuerzo e inclemencias en el camino.
    Estoy de acuerdo con el autor en su opinión sobre la fortaleza del individuo. Y sigo felicitando y animando tanto al autor como al responsable del blog por la iniciativa, que no cabe duda que enraiza con el espíritu del blog y el centro al que hace referencia.
    Un fuerte abrazo a todos. Adelante!!!!

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