Itinerado

Mientras hablábamos con Nelly había un hombre, a su lado, que iba metiendo cuñas.

“La gente no es consciente de que vive a dos salarios de la miseria. Dos meses que no ingreses ningún dinero, dos, y puedes acabar en la calle”.

Alguna otra vez lo habíamos visto, pero nunca hablado. Le preguntamos si era un itinerante.

“Si, estoy en ese grupo”.

Los itinerantes son aquellos que no están empadronados en la ciudad del albergue. Y, por normativas, no pueden quedarse más allá de tres días. Le preguntamos cómo es que seguía ahí después de varias semanas.

“Es que mi caso en un poco especial, ¿sabes? Es que yo soy agorafóbico. No aguanto los espacios abiertos. Y eso se lleva bastante mal con ser un sin hogar”.

Le decimos que parece un chiste de los de “cual es el colmo de” y él se ríe.

“Yo es que he desaparecido de los libros. No estoy en la seguridad social, no estoy empadronado en ningún sitio… A mí, porque me vinieron a buscar los de servicios sociales. Porque soy un inútil social”.

Nelly lo corta. Le dice que no, que ni hablar. Que ninguno somos inútiles.

“Yo no sé ir al banco, no sé ir al supermercado. No sé nada. Estuve cuatro años sin salir de mi casa en ningún momento. Con mis doscientos kilos de nada… mi mujer se encargaba de todo. Soy un inútil funcional, si quieres”.

“Por motivos que no vienen al caso, mi mujer ahora no está. Y no estará en bastante tiempo”.

“Y yo seguí encerrado en casa. Porque un “amigo” (las comillas son suyas) llamó a los servicios sociales. Si no, ahí me hubiera encontrado. Y la verdad, no me hubiera importado lo más mínimo”.

“Cuando vino la ambulancia me dijeron “esto es un servicio de urgencia, haga la maleta ahora mismo”. Y tengo hasta algún sujetador y alguna braga en la maleta”.

“Y, claro, tengo la tensión y el colesterol y de todo y sin medicar”.

“Si tuviera un botón de off, yo le daba. Lo sentiría mucho por mi mujer. Porque la quiero muchísimo y ella me quiere muchísimo y sé que sufriría. Si no, me da igual. Es el único vínculo que me queda”.

“No tengo trato con mi familia. Ni amigos. De mi hijo no sé nada desde hace cinco años”. Y le dice a Nelly, “pero él sí sabe cómo podría encontrarme a mí”.

“A mí me gustaría ser rico para construirme un búnker 25 metros bajo tierra y estar ahí metido hasta que me muera. Como en la película esa, Buscando a Eva, ¿la has visto? Ése es mi sueño. Encerrarme”.

“Porque yo tonto no soy, ¿sabes? Y he leído mucho”.

“Pero he vivido muchas cosas en mi vida. He vivido violencia doméstica …y de la otra. No sé si me entiendes”.

“Y todo lo he perdonado. Sólo hubo esa cosa que me costó perdonar. Pero también lo hice”.

“Porque tonto no soy, pero igual soy tonto, porque nunca creo que la gente tiene mala intención. Que nunca la gente quiere hacer daño. Aunque lo hace. Pero yo creo que es porque no se dan cuenta”.

“Aunque uno puede hacer tanto por alguien… durante años. Y luego, cuando lo necesitas, no están. No es que te digan no. Es que no están”.

“Ahora me van a buscar un sitio para ir hasta que mi mujer vuelva. Porque aquí no quiero quedarme”.

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