Hay cosas que yo he elegido

Nos juntamos con un hombre de 34 años. Dice que no sabe de qué hablar, pero se suelta muy pronto:

“Soy una víctima de los deshaucios, vivía con mi madre, en una VPO, pero cuando murió, no podía pagarla. Me pidieron 10.000€ y no tenía esta cantidad ganada. Me fui un tiempo a vivir con una amiga y luego en otro piso, y luego me fui a mi aire, trabajaba, tenía mi moza, mis historias…

Estuve un tiempo viviendo en la calle porque me apeteció vivir la experiencia, tenía amigos de calidad con los que podría haber vivido, pero me apeteció estar solo y a lo mío.

Bueno, la verdad es que no era mi mejor momento.

Mientras estaba en la calle, me veía con algunos amigos, no sabían que estaba en la calle, les mentía.

¿En cuanto a la higiene? Algún finde quedaba con algún colega y me duchaba en su casa. Alguno se pudo imaginar que estaba en la calle.

Nunca me han faltado las amistades, con algunas mantengo contacto, con otras no, eso es la vida. Voy retomando a algunas, hay gente a la que no quiere volver a ver… Hay amigos que me han fallado, me he preocupado por muchísima gente y cuando me ha sucedido a mí, me han tratado como un extraño, y eso me ha tocado las narices. Casi nunca me he puesto el caparazón, he sido muy noble, pero también muy sentido. Ha habido gente a la que he querido mucho.

Sí, tengo hermanos. He vuelto a recuperar la relación con ellos, pero yo… no he creído tanto en el futuro como ellos. Lo respeto mucho, pero yo no soy así.

Muchas veces te ves obligado a vivir en un entorno, algunas amistades no quieres que formen parte de ese entorno. Puedo ser super feliz, pero de repente aparece alguien y… Nunca me ha gustado imponerme, prefiero apartarme e irme, pero todo esto sucedió antes de estar en la calle. En el momento de perder el piso no me importó desengancharme del todo.

La experiencia de vivir en la calle me gustó, dentro de lo que cabe. No es fácil, pero tienes una libertad que pierdes cuando entras en el engranaje de la sociedad. Ocupé una casa y estuve durante tres o cuatro viviendo a mi bola hasta que me pillaron los munipas y me echaron. (Riendo) Los muy cabrones me dejaron  todas mis cosas fuera y cerraron la puerta.

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Me relacionaba con algunos de los que viven en la calle, de los que cogen comida de los contenedores, pero nunca tuve una amistad con nadie. Me iba a la biblioteca a leer o a escuchar música, a algún concierto en lo viejo… Leo sobre todo terror, comics, lo que pillo. Soy de rock:, punk y metalero. Black Sabbath, Megadeath, Slayer, Anthrax, La Polla, Barricada, Eskorbuto… Soy un punk metalero.

Me gustaría tener un curro que estuviera a gusto y durar años. Estuve unos años en el metal, estaba muy a gusto, pero desde entonces no he tenido un trabajo con una perspectiva de tiempo, he currado en lo primero que pillaba: en el campo, en conserveras, supermercados, mercadillos… Nunca he tenido una iniciativa de quiero currar de esto, siempre me ha faltado y aún no la tengo.

Estar en el albergue es una oportunidad para reorganizarme la vida, ahí fuera no hay mucho trabajo ahora, lo de la “renta” es como una tirita… Aquí estoy trabajando en  el catering, me han visto que soy responsable, están contentos conmigo. Pero dentro de poco voy a salir y se lo darán a otra persona.

He visto pasar mucha gente por aquí que… hostias… hay gente que está mucho peor que yo. Porque  hay cosas que yo he elegido. A veces me he sentido un poco egoísta porque hay gente que igual lo necesita más que yo. Pero ha coincidido que ahora había sitio. Si viera que hay gente que no consigue entrar, pues me iría. Por otro lado el modo de vida que he llevado antes de entrar aquí no ha sido tan difícil. Al menos, el tiempo que he estado.

Cuando salga me voy a ir de alquiler con un amigo y me pondré a buscar trabajo porque si vives en casa de alguien, sin pagar nada, al final te amargas”.


Un investigador en el albergue – 3: La losa del estigma: Los “tontos” que discriminan al “otro”

[Sobre "un investigador en el albergue"]

El estigma contra el indigente

La estigmatización es uno de los fenómenos más preocupantes que van aparejados a situaciones de marginación social. Vivimos en sociedades humanas en las que se tiende a señalar a quien presenta rasgos que no se ciñen a la norma y, como bien es sabido, esta inclinación es extremadamente perjudicial para aquéllos que son apuntados con el dedo a causa de sus deterioradas condiciones de vida. El hecho de reparar en todas aquellas cosas y personas que no reflejan los cánones de normalidad socialmente interiorizados, sea para bien o para mal, parece ser una actitud inherente al ser humano. Resulta inevitable, al menos aparentemente, que esto haya sido así, sea así e incluso siga siendo en el futuro de esta manera.

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Uno de los entrevistados en el albergue, M., argumentaba en relación a este asunto que “en cualquier aspecto en el que no te amoldes a lo que la sociedad marca vas a ser visto como un anormal. Incluso si la persona es capaz de hablar sobre muchas cosas, algo que es bueno, va a ser visto como un “sabelotodo” al que no hay que hacer demasiado caso.” Cuando nos encontramos con respuestas caracterizadas por un fuerte rechazo del colectivo frente a la presencia de determinadas personas o grupos nos enfrentamos a un problema de calado social. Es esto lo que entendemos por estigmatización, un proceso por el cual los afectados ven cómo quienes monopolizan el discurso social generalizado los condenan por razones que pueden radicar en los motivos más diversos. Sean cuales fueren éstos, las consecuencias de este tipo de actitudes que adoptan muchos individuos que se identifican a sí mismos con la normalidad imperante, aunque no sólo sean siempre éstos quienes estigmatizan, pueden llegar a ser devastadoras. Basta con recordar la tremenda repercusión que han tenido movimientos sociales como el del nazismo y los resultados que trajo consigo la enorme campaña de difamación contra ciertos colectivos humanos a la que dio forma esta ideología. Son tales las consecuencias que puede implicar la estigmatización que Goffman (2008:9) afirma que “… la condición de estigmatizado constituye siempre el paso previo mediante el que a los seres humanos se les arrebata la libertad y la vida, la serenidad y los proyectos vitales, las posibilidades y las esperanzas”. Describe así mismo el hecho de que se deja de ver al individuo como “… una persona total y corriente para reducirlo a un ser inficionado y menospreciado. Un atributo de esa naturaleza es un estigma, en especial cuando él produce en los demás, a modo de efecto, un descrédito amplio… El término estigma será utilizado, pues, para hacer referencia a un atributo profundamente desacreditador” (Goffman, 2008:12,13). Presenta un panorama desolador según el cual es tal el daño psicológico del que son víctimas los estigmatizados que esto podría comportar la total pérdida de sus atributos de personas y, en definitiva, su “deshumanización”.

El estigma contra el diferente

En “Eichmann en Jerusalén. Un estudio sobre la banalidad del mal”, de Hannah Arendt, encontramos un nítido ejemplo de estas terribles consecuencias cuando la autora reflexiona acerca de cómo pudieron muchos judíos acudir a las cámaras de gas como corderos que van al matadero, sin dar claras muestras de rebeldía. Considera que el colapso moral no sólo afectó a los perpetradores del mal sino también a las víctimas. Arendt (1977:42*) plantea que en el caso de ideologías como la nazi “el perfecto idealista, como cualquier otra persona, tenía sus sentimientos y emociones, pero nunca permitiría que éstos se interpusiesen entre él y sus acciones si entraban en conflicto con sus ideas.” La razón para “deshumanizar” de esta manera a alguien es, en palabras de Goffman (2008:15), el hecho de que “un individuo que podía haber sido fácilmente aceptado en un intercambio social corriente posee un rasgo que puede imponerse por la fuerza a nuestra atención y que nos lleva a alejarnos de él cuando lo encontramos, anulando el llamado que nos hacen sus restantes atributos. Posee un estigma, una indeseable diferencia que no habíamos previsto”.

Este rechazo casi instintivo puede verse bien reflejado en la anécdota que Z. nos relata cuando cuenta que “estando pidiendo en una puerta del Corte Inglés, dos mujeres mayores pasaron a mi lado y al verme agarraron con fuerza sus bolsos como si yo fuera un ladrón por el hecho de estar allí. Les miré y les dije que no tuvieran miedo, que yo no iba a quitarles nada de lo que era suyo. Se sonrojaron.” El propio Z. va más allá, mostrándonos hasta qué límites el estigma puede atacar la dignidad de alguien y afectar a su persona, y asegura que “percibo que hacia nosotros existen indiferencia, desprecio y también odio. Me ocurrió que venía una madre con su niña de la mano y, al verme, la hija le dijo a la madre: ¿Esta es la escoria que papá ha dicho que hay en la calle no? Era el reflejo de lo que pensaba su padre. Decía lo que había escuchado en casa. Fue un golpe durísimo. Me dio mucho que pensar, le he dado muchas vueltas. ¿Cómo puede llegar la gente a ser tan cruel?

Pero estigma significa muchas cosas

(Nota del blog) Pero no olvidemos estigma significa muchas cosas

Todo ataque de esta naturaleza radica en la falta de comprensión acerca del origen de la situación del otro estigmatizado y, muchas veces, en el desconocimiento de su cultura cuando se trata de un rechazo basado en cuestiones étnico-culturales. Son muchos los que no reparan, cuando discriminan al otro, en que todos somos fruto del intercambio cultural entre civilizaciones. E., argelino emigrado a España, advierte que “muchos no entienden que somos fruto del contacto cultural. El contacto entre las diferentes culturas ha dado lugar a lo que hoy somos todos nosotros, seamos cristianos, judíos o musulmanes. Es por ello que la discriminación, sobre todo la cultural, no tiene razón de ser alguna.” Tomando en cuenta las posturas académicas y al propio E., que resultan considerablemente convincentes, podemos entender la estigmatización como un error humano de concepción que acarrea serias dificultades para la sana convivencia social. En este sentido, el canadiense Goffman (2008:157) tilda de estúpidos a aquéllos que estigmatizan a otros, razonando de la siguiente manera: “El estigmatizado y el normal son parte el uno del otro, si uno demuestra ser vulnerable debe esperarse que el otro también lo sea. Porque al imputar identidades a individuos, desacreditables o no, el marco social más amplio y sus habitantes se comprometen en cierto modo a sí mismos, por ser ellos quienes pasan por tontos.”

[Sobre "un investigador en el albergue"]


Una chica muy joven

Hablo con mi madre, está en otro país, pero tengo contacto con ella. La llamo de vez en cuando. Mi madre me dejó a los ocho años, se fue con otro marido. Mi padre se quedo conmigo y cinco hermanos. Luego mi madre ha tenido cuatro hijos más allí. Entre hermanos o medio hermanos tengo once o doce. Pero aquí estoy sola.

Mi padre se murió hace dos años. Entonces vi por primera vez a mi madre en trece. Ni la reconocía.

De la única que esperaba algo era de mi abuela por parte de madre, pero se ha ido. O de mi tío, pero los dos se han ido. Él sabía que tenía diabetes, pero le gustaba mucho el dulce.

No estaré mucho más tiempo aquí.

(…)

He tenido un novio muchos años, lo dejé el año pasado. El me pegó un día por irme con otro chico. Lo engañé. Éste se enfadó y me pegó. Y le tuve que denunciar. Le dieron un tiempo de servicios a la comunidad y dos años de alejamiento.

Y ahora lo echo de menos. Porque él siempre estaba a mi lado, estábamos siempre juntos. A donde iba yo iba él, y donde iba él iba yo. Echo eso de menos, el estar siempre juntos. Cómo que me protegía. Echo de menos el estar siempre con una persona y que me cuide.

Yo le quiero un montón.

Me arrepiento de haberme ido con ese chico. Y  de haber denunciado.

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(…)

Sí me había pegado más veces, pero no lo había llegado a denunciar. No era todos los días. Una vez al mes o así… Pero a veces no me pegaba. Lo hacía… yo qué sé por rabia o por no saber bien las cosas. O por irme con otro chico, con amigos de él… Ya había pasado antes.

Yo no sabía por qué lo hacía. Ahora mismo no lo haría

Hace mucho que me pegó la primera vez.

Me sentí muy mal. ¿Cómo me podía hacer eso? Durante tantos años bien y… Entonces fue cuando yo le empecé a engañar. Era como una competición. Él me pegaba y yo me iba con otro.

Ya era rutina.

(…)

Él siempre me ha querido mucho, me ha cuidado un montón. Me aconsejaba.

(…)

¿Lo más importante que he aprendido? A no engañar a mi chico.

Esté con quien esté, si lo quiero, bien. Pero si no, no tengo por qué estar con él. Lo que no tengo es que estar engañando.

También he aprendido que no está bien denunciar. Luego yo me sentí muy mal. Porque a la próxima no iría a sanción, sería ya cárcel. Si me pega a mí o cualquier otra chica.

No me gustaría verlo ahí.

Muchas dirían que sí, que vaya, pero yo no.

(…)

Escucho unas voces en mi cabeza. Cuando estoy cabreada saltan más. Y me enfado conmigo misma. Y si hablo con mi ex y no me gusta lo que me dice pues me quiero cortar las venas y así… lloro. Me corto y luego ya paro. Porque ya con el dolor tengo… tengo que me estoy haciendo daño. Yo, por ejemplo, me corto con una cuchilla. Y luego ver la sangre por mi muñeca me da como… como que quisiera verlo, sin verlo, o sea, morir.


Un investigador en el albergue – 2: La diferencia, el diferente

El objetivo de este segundo fragmento es seguir dando voz a las personas que pasan por el albergue tratando de hilar cada escrito con el publicado anteriormente, de tal manera que el conjunto pueda ofrecer un cierto sentido a quien lo lea. Es por ello que para este texto he creído oportuno recoger algunas partes de la entrevista que realicé a un hombre de origen magrebí que nos da un nuevo punto de vista acerca del fenómeno de los prejuicios relacionados como un tema como es el del racismo, el cual está estrechamente relacionado con aquello que busco conocer mejor: los porqués del hecho de que los hombres podemos llegar al extremo de no reconocernos los unos a los otros como tales. Es eso lo que entiendo por “deshumanización” cuando la menciono, dejando claro que no es un concepto del todo bien acotado debido a que todavía suscita debates entre los grandes autores de la Sociología.

Sea como fuere, en mi investigación sobre la destructiva capacidad que tiene el ser humano para hacer daño a otros individuos de su misma especie por medio del ataque a su dignidad, entiendo que “deshumanizar” consiste en privar a la persona de sus atributos humanos, tales como la autoestima o el amor propio, a través de diversas formas: la palabra (muy frecuentemente), los gestos, los abusos de diferente naturaleza, la violencia, etc. Todo aquello que nos haga sentir desprovistos de una convicción interior de ser tan dignos de cualquier tipo de reconocimiento o trato como otras gentes es aquí entendido como algo “deshumanizador”.

photo credit: [ changó ] via photopin cc

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Como mencionaba antes, para este segundo texto he elegido el encuentro que tuve con un transeúnte argelino de unos 45 años de edad, al haber entablado con él una conversación en la que salieron a la palestra posibles formas de entender cómo el magrebí entiende y vive esa discriminación que el joven centroafricano había vivido en sus propias carnes y cómo esa sociedad magrebí que discrimina cree entender por qué lo hace y se siente también ella discriminada por otros pueblos. Todo ello nos ayuda a ver, en mi opinión, cómo la subjetividad y la identidad de los pueblos puede dar lugar a consecuencias tan positivas como el surgimiento de movimientos culturales compartidos y otras tan negativas como la incomprensión entre los unos y los otros y las inevitables disputas que surgen cuando unas culturas se autoconciben como superiores en dignidad a otras.

Doy voz al entrevistado:

-         “El racismo es una idea inculcada en las mentes de las gentes. Es “la cultura del otro”. El otro pertenece a otra cultura, habla otra lengua… Es una visión equivocada de las cosas que la persona puede curar con el tiempo aprendiendo, creciendo como persona.” 

-         “En Argelia existe el racismo, pero no es un racismo de naturaleza ideológica. Se rechazan entre tribus, rechazan al diferente. Pero no es algo premeditado, algo preestablecido. Hay racismo contra los negros, sí, es verdad, pero hay que saber cuáles son las raíces de este tipo de racismo. En mi país se ve mal a los negros porque los franceses trajeron en su momento a soldados senegaleses para combatir frente al pueblo argelino. Es en el fondo algo que provocaron los franceses y que en gran medida ha provocado un odio que antes no era tal.”

-         “En mi caso, mucha gente me discrimina por ser musulmán, pero no saben distinguir entre un árabe, un afgano, un pakistaní y un argelino. Tenemos muy poco en común, pero ellos no lo entienden.”

-         “La gente se crea una cantidad ingente de estereotipos. A mí me suelen prejuzgar por ser argelino. Creen que soy un ladrón, por ejemplo. Yo no creo que todos los vascos sean terroristas. Además, yo no represento a los argelinos, yo me represento a mí mismo. Que otros argelinos te hayan jugado una mala pasada no significa que yo lo vaya a hacer. No hay que generalizar. Sin haberles hecho nada, son muchos los que desde el primer momento me diabolizan.”

-         “Muchos no entienden que somos fruto del contacto cultural. El contacto entre las diferentes culturas ha dado lugar a lo que hoy somos todos nosotros, seamos cristianos, judíos o musulmanes. Es por ello que la discriminación, sobre todo la cultural, no tiene razón de ser alguna.”

-         “Tanto en el caso de la religión como en el de los medios de comunicación, sólo vemos las consecuencias. Ambas cosas nos separan. No sabemos qué hay detrás, cómo manipulan las audiencias o preparan aquello que luego difunden y con qué intenciones lo hacen. Lo que es obvio es que todo ello tiene sus consecuencias.”

-         “En mi país se dice que cuando se tiene un problema se politiza. Se busca la forma de que la opinión pública no señale a los verdaderos culpables y se trata de dar una salida engañosa al problema.”

photo credit: pasotraspaso via photopin cc

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La existencia de diferentes culturas, al igual que paralelamente la de diferentes individuos, parece resultar un arma de doble filo. Aporta riqueza social cuando sabe apreciarse, pero supone una fuente de conflicto cuando las sociedades (y por tanto las personas que las forman) se empeñan en querer compararse las unas a las otras. De la misma manera que quien mira al vecino y, por unas razones u otras, crea en su foro interno una idea de sí mismo que le lleva a creer que es superior o inferior en dignidad a éste, las sociedades se miden subjetivamente unas a otras y parecen también rivalizar enconadamente por una especie de status ficticio por el cual hay personas que creen que “ellos” son más o menos que “otros”. Todo ello es una construcción mental por la que nos sentimos más o menos próximos con respecto a unos u otros, y con la que nos pensamos mejores o peores que aquellos a los que consideramos más lejanos a nosotros. Por muy artificial que pueda resultar, lo que es indudable es que estas asignaciones subjetivas de valor tienen sus consecuencias prácticas en la realidad que vivimos, como muestra claramente el fenómeno del racismo.


Un investigador en el albergue – 1: La llave de la resistencia

Esta mañana he tenido la oportunidad de entrevistar a un joven centroafricano de ascendencia camerunesa, educado en valores profundamente católicos. Me he sentido inmensamente conmovido por su fuerza de voluntad, por la fortaleza mental que demuestra su actitud frente a la vida. En mi opinión, todas aquellas personas que se enfrentan a situaciones de dificultad extrema, como es el caso de este joven africano, dependen no sólo de las ayudas que los demás les puedan aportar sino también de su propia fortaleza, fundamentalmente de su entereza mental. Plantea un reputado sociólogo actual, Hans Joas, la hipótesis de que dentro de toda persona existe una especie de intuición moral (Moral Intuition, que pueden encontrar en su libro The Sacredness of the Person) que la empuja a sentir “pasiones” humanas, tales como la sensación de indignación que muchos experimentan al saber que han muerto inocentes,  que son las cuales la hacen verdaderamente “persona”. Entrecomillo las palabras “pasiones” y “persona” porque entiendo que, no sólo debido a los testimonios tan impactantes con los que me puedo encontrar en el albergue, sino con tan sólo echar un vistazo a las noticias, Joas acierta de pleno con la idea de que quien siente y actúa en virtud de esas pulsiones humanas (tan difíciles de definir, pero tan fáciles de entender como concepto cuando uno las ha experimentado en primera persona) podrá afrontar la vida de una manera digna, al menos a nivel moral. En resumen, quiero aportar una serie de extractos de la entrevista que he hecho a este joven centroafricano con el objetivo de intentar que quien lo lea pueda acercarse tanto a un caso concreto que, desde mi punto de vista, es ejemplar, como a la idea de que existe en todos nosotros una intuición moral que nos es propia y que, si la abandonamos, probablemente nos lleve a nuestra propia perdición como personas.

photo credit: <a href="http://www.flickr.com/photos/living-disaster/4780705479/">Estrella de Queso</a> via <a href="http://photopin.com">photopin</a> <a href="http://creativecommons.org/licenses/by-nc/2.0/">cc</a>

Acordamos hacer la entrevista mezclando francés e inglés, ya que todavía no maneja bien el castellano y, de esta manera podemos entendernos. Puede que más adelante, si los lectores del blog así lo pidieran, transcriba la conversación que tuvimos íntegramente. De momento me gustaría simplemente destacar algunas de las “joyas” que este chico me ha dejado, aquéllas que me han resultado más llamativas y, sobre todo y en su caso, más ejemplarizantes.

  • Dejé mi país porque ya no podía cuidar de mi hermano pequeño y de mi madre. El negocio de la construcción había caído en picado y ya no encontraba forma de ganarme la vida dignamente.  Elegí venir a España por dos motivos principales: Quería conocer más su cultura, una cultura rica y con historia, y quería aprender una nueva lengua. Ir a Francia o Inglaterra hubiera sido lo fácil. Yo quería aprender un nuevo idioma, progresar, ya que los idiomas son clave en la vida. Por eso vine aquí.
  • Antes de llegar a España pasé un tiempo en Marruecos. Fue una experiencia horrible. Marruecos es un país tremendamente racista con nosotros, los negros. He vivido situaciones muy embarazosas, más bien humillantes. Por ejemplo, puedo contarte que un día, al subirme en un autobús, yendo bien limpio y aseado, vi como varias personas hacían el gesto de taparse la nariz al pasar yo por su lado. Lo hacían porque era negro. Muchos marroquíes son tremendamente racistas. Consideran que ellos no son africanos, que sólo nosotros lo somos. Los europeos están por encima de ellos, y por eso los respetan. Nosotros somos muy pequeños, a su parecer, y por eso nos discriminan. Muchos llegan al extremo de creer que por ser negros no tenemos derecho a la vida. Yo sé que yo tengo el mismo derecho que cualquiera a vivir. Esa gente vive engañada, por su cultura y sus creencias. No entienden qué es la vida. Cuando ven un negro al volante de un coche, por ejemplo, se sorprenden y se preguntan cómo es posible que un negro sea capaz de ello. Viven en la ignorancia.
  • Yo, para sobreponerme a un ambiente tan hostil, en el que me sentía tratado como un perro, creaba paralelamente un mundo mental propio. Mi propia creatividad fue fundamental para sobrellevar mi estancia en Marruecos. Yo me decía continuamente a mí mismo que esa gente no entendía que yo era tan persona como ellos lo eran. Había algo dentro de mí (preguntado por si lo había vivido como una especie de intuición, su respuesta fue positiva) que me impulsaba a no creerles, a mentalizarme y a pensar decididamente que sus creencias no iban a poder con las mías.
  • Yo sé que Dios me creó y me acunó con ternura (no sólo se remitió a ese “azote” interno que suponía aquella intuición sino también a su fuerte fe religiosa), ¿por qué iba Él a querer que yo fuera menos que aquellas personas? De ningún modo puedo pensar yo así.
  • Cuando te avasallan de la manera en que yo fui avasallado psicológicamente no te queda otra que luchar. No queda otra alternativa. Es una lucha mental, psicológica.
  • La mentalidad de las personas marca la diferencia a todos los niveles. Dejarse caer, tirar la toalla, es caer en la locura. La sociedad, en este caso la marroquí, ya que considero a la española mucho más respetuosa con nosotros, no tiene derecho a hacerte perder tu dignidad. No puedes dejarte convencer. Eso te llevaría a la locura. Tienes el mismo derecho que ellos a trabajar, tener tu dinero, construir una vida digna y en la que no te falte nada. Debes luchar y no dejar que te debiliten psicológicamente. Esa es la clave.

photo credit: <a href="http://www.flickr.com/photos/eflon/3432544026/">eflon</a> via <a href="http://photopin.com">photopin</a> <a href="http://creativecommons.org/licenses/by/2.0/">cc</a>

Éstos son algunos de los fragmentos que más me han cautivado de la entrevista con un joven cuya forma de pensar encuentro admirable. Al finalizar la entrevista le pregunto, a título más personal, por cuáles son las aspiraciones de una persona tan luchadora. Me dice que únicamente son llevar una vida digna, sin privaciones. No hacen falta lujos, sólo falta de privaciones. Considera que cada uno debe hacerse fuerte, sobre todo a nivel psicológico, por si mismo, para poder después ayudar a los demás. Lo primero es uno mismo. No puedes ayudar a los demás sin estar bien tú primero. Y, finalmente, también le pregunto si cree que ayudar a que los demás se hagan fuertes pasa por “predicar con el ejemplo”. Su respuesta es clara: Por supuesto que sí. Hay personas que pueden caer en el abatimiento, pero nada puede ayudarles más que ver en el otro a alguien que lucha, a alguien que vive con intensidad esa intuición moral que le guía y no le permite dudar de que es tan digno como cualquier otro ser humano.

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Otros posts de “Un investigador en el albergue”.


Un investigador en el Albergue – 0: Presentación

Tras el parón del verano, se retoma la actividad del blog con una colaboración especial:

Un voluntario del albergue, ha estado realizando una serie de entrevistas a los usuarios como parte de su proyecto final de carrera en Sociología y nos ha sugerido ir publicando parte de su trabajo en el blog. El objetivo del proyecto es estudiar la deshumanización de la persona a través de quienes dejan de ser tratados como seres humanos, como a menudo ocurre con las personas sin hogar.

Dentro de un trabajo de investigación más amplio, las entrevistas presentan, además sus propias vivencias, el punto de vista de los usuarios respecto a lo que son tratos humanos, la condición de “monstruo” como aquella persona que deja de comportarse como tal y la solución a los problemas de deshumanización en la sociedad actual.

El enfoque que presentan estos textos diferente al habitual por dos motivos:

  • En primer lugar,  el voluntario además de escuchar sus vivencias y sus problemas, en base a una serie de preguntas que requiere para su investigación.
  • Por otra parte a menudo hace referencia a los sentimientos y reflexiones que le genera escuchar las historias que le presentan, alejándose del tono aséptico que se ha pretendido mantener el blog hasta ahora.

Como él mismo dice, su objetivo “no es convencer a nadie ni entrar en disputa con nadie”, sino ofrecer su visión de la sociedad basada en teorías sociológicas, entrevistas de campo y su propia interpretación que, por supuesto, es subjetiva.

En breve presentaremos sus primeros textos. La serie será categorizada como “Un investigador en el albergue”.

photo credit: <a href="http://www.flickr.com/photos/ashraful/6173627844/">ashraful kadir</a> via <a href="http://photopin.com">photopin</a> <a href="http://creativecommons.org/licenses/by/2.0/">cc</a>


Finalizando… Un mensaje

Hace dos años publicábamos “Un mensaje” en este blog. Tras ese tiempo, el mismo antiguo usuario ha querido contarnos más cosas.

-

Entonces os contaba como había llegado al albergue, el hogar temporal de los de Sin Hogar, y como estaba viviendo ese momento y sus circunstancias, Un mensaje (30 marzo, 02011).

Apuntaba un detalle: la trabajadora social me informo de una serie de recursos con el fin de buscar y encontrar trabajo, era mi preocupación, lo repetía y recordaba continuamente, y al igual que el comienzo de este blog, Un reto (01 febrero, 02011), me plantee el reto de buscar un trabajo con el que conseguir y mantener una autonomía y estabilidad económica y personal.

Hoy es el día en el que conseguí un trabajo, no de jornada completa, ni como me lo había planteado, pero no obstante es un trabajo fijo y estable que me ha permitido esa seguridad económica con la que mantener escueta y dignamente un techo, una comida, las necesidades básicas y un poquito más; teniendo en cuenta los tiempos que corren. Eso si, con un ambiente de compañerismo y buen humor entre los que día a día compartimos la jornada.

En esta andadura entre otras vivencias y observando este blog, he descubierto algunas de las causas que me abocaron a la calle y la pobreza, comprobando que salvando las diferencias, todos y todas tenemos semejanzas interiores y exteriores que terminan por rompernos por dentro, y algunas reflexiones de este foro nos son comunes a todos nosotros, por lo menos en su espíritu, Ganas de sembrar (30 octubre, 02012).

Es de reflejar que en muchas ocasiones la estigmatización que nos marca a las personas estando en situaciones adversas; estigmas y “sanbenitos” que una vez adquiridos es difícil de borrar y apartar de nosotros, en mi caso esos estigmas los he vivido como reflejos o sombras, ya que por suerte estuve poco tiempo en la calle, y pienso que esos estigmas y “sanbenitos” tal vez también nos los imponemos en parte nosotros mismos de alguna manera.

De la misma manera que la trabajadora social me apuntaba aquellos recursos válidos para una inserción laboral; he tenido al lado otros profesionales que me han asesorado y lo siguen haciendo de recursos de reinserción social, de reconstrucción personal y emocional. Estos últimos tienen que ver con el interior de mi personalidad.

photo credit: <a href="http://www.flickr.com/photos/21496790@N06/5065834411/">milos milosevic</a> via <a href="http://photopin.com">photopin</a> <a href="http://creativecommons.org/licenses/by/2.0/">cc</a>

Así pues en estos momentos estoy en la situación de plantarme y conseguir otras metas y otros retos, que tienen que ver con el desarrollo personal y emocional. Evidentemente es un terreno más complejo que el laboral, sin embargo muy vivo y emocionante, con sus malos tragos y dificultades que supone indagar en mi interior. Y sin olvidar que tras un derrumbe es más difícil la reconstrucción que una nueva construcción; ya que, como en arqueología, hay que catalogar limpiar y seleccionar las piezas válidas de las que no sirven de entre las ruinas.

Recordando a las gentes que me he encontrado en el camino. Tras esta reflexión deseo despedirme con un ¡hasta pronto!.

Por todo ello como decían Sus Satánicas Majestades (The Rolling Stones):

Pleased to meet you.

(encantado de haberles conocido).


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